viernes, 24 de abril de 2009

UN CUENTO REAL de Miguel Ángel Pérez Nevado

Érase una vez el reino de los números reales. Allí los números racionales e irracionales coexistían llenando toda la recta; no era una relación cualquiera, era una relación de mucha proximidad, dado que cada número racional tenía siempre un vecino irracional, cosa que al revés también se verificaba.
El ambiente en la recta era armónico, incluso de vez en cuando se gastaban bromas que casi siempre recibían los pobres números primos. El número áureo con su dorada luz iluminaba gran parte de la recta. Los ancianos naturales contaban historias a sus nietos los irracionales, historias de mundos de dos coordenadas, e incluso de tres, y más; mundos donde las cosas no funcionaban igual que en el suyo. Los tiernos irracionales los escuchaban con una mezcla de fascinación y escepticismo, y pensaban en la posibilidad de tales historias, imaginándose recorriendo el plano a lomos de la bisectriz del primer cuadrante o teniendo una lucha heroica con la gran serpiente coseno. En la recta real también se podían observar los épsilon mayores que cero, cuya existencia era feliz acotando límites y sucesiones.
Pero no todos los épsilon eran felices. Había un épsilon muy pequeño, muy próximo a cero que no era feliz puesto que quería crecer. Se sentía ínfimo, quería hacerse mayor y no lograba dar con la forma de lograrlo. Una de las veces llegó a elevarse de modo natural pero sólo consiguió hacerse más pequeño. Así pasaba su desdichada existencia nuestro número. Mas un día otro épsilon le dio la solución a su problema: “Hazte inverso y serás tan grande como deseas”.
Así lo hizo nuestro épsilon y al momento se convirtió en un número enorme, monstruoso. Pero el número en cuestión, era demasiado inconformista y siempre miraba con envidia a otros números que eran más grandes que él, que siempre los había. Así que, al cabo de un tiempo decidió que quería ser como el Dios infinito, nada más y nada menos. Para ello hizo todo lo posible, incluso se multiplicó en su esfuerzo por lograrlo, pero nunca lo logró; eso sí, cada vez fue más grande, mas siempre ocurría lo mismo, siempre había otros números más grandes que él.
Un día decidió que ya estaba cansado de recorrer ese camino sin final. Así que se acordó de cuando era pequeño. Un número racional le dijo que en el otro lado de la recta había una zona oscura, tétrica, tenebrosa, donde los números eran malvados o negativos.
-Quizás allí haya un final -se dijo.
Por tanto, hacia allí decidió que encaminaría sus pasos. Para conseguirlo empezó a tener malos pensamientos, se volvió irracional, tanto, que ya no sabía ni siquiera qué número era. Esto lo llevó a cometer un gran delito real, nada más y nada menos que rebelarse contra el orden establecido, poniendo en peligro la estructura del cuerpo ordenado.
El consejo de los cuatro números reales más importantes, 0,1,e,π se reunió de forma extraordinaria en la igualdad eπ.0= 1 y decidieron mandarlo al exilio de la parte de los números reales negativos, cosa que al fin y al cabo era lo que nuestro número quería conseguir. Los grilletes del negativo le fueron impuestos. Y así de esta forma cambió nuestro buen número de signo.
Al principio, en la otra parte de la recta fue feliz, pero pasado el tiempo acabó dándose cuenta de que tampoco allí podría alcanzar la divinidad del diablo menos infinito. Su frustración fue tal que su voluntad se anuló. Acabó sus días en el limbo del cero, de donde ningún número lo ha vuelto a ver salir.
FIN.

10 comentarios:

Verónica R. dijo...

Miguel Ángel es un compañero de trabajo, profesor de Matemáticas, al que le gusta mucho escribir. Pero claro, no hay quien lo entienda, o al menos yo que soy de "letras".
Este pequeño cuento lo escribió a comienzos de curso y ya ha escrito la segunda parte.
Ya me direis qué os parece.
Besos para todas.

Julia Campos dijo...

Me encanta. Creo que es muy lúcido, y con una moraleja muy clara. Me gustaría leer la segunda parte; ponla, por favor.

Cristina dijo...

Me pasa como a Vero, me pierdo en los números, soy de letras y los números, primos o no, se escurren por mis neuronas. Puedo imaginarme la dorada luz de la sección aurea, pero no puedo imaginar cómo puede ser feliz una epsilon... ¡limitaciones de una pobre chica de letras!

Beatriz dijo...

Leyendo el cuento me acuerdo del chiste de "pero qué tienes en la boca????" Yo como Cris de letras pero muy de letras, eh?? con las cuentas del Mercadona y la Visa voy que me mato.

un beso para todas las que se asomen por aquí (aunque no lo digan o pongan "Hola")

Maite F dijo...

Nada, yo tampoco lo entiendo y eso que he intentado buscar en wikipedia las definiciones de los términos matemáticos (y soy de ciencias). Pero es bonito

Verónica R. dijo...

Hola Maite,de nuevo aquí.Se te echaba de menos en el Blog.
¡Bienvenida!

Isamari dijo...

A mi me parece de una gran creatividad, y aunque también soy de letras considero que el mundo de los números, es decir las matemáticas y sus aplicaciones a la vida real son fascinantes. La verdad es que me gustaría saber mucho más, felicita a tu compañero.
Besos para todas

Anónimo dijo...

Mi nombre es Miguel Ángel Pérez Nevado.
Me gustaría darle las gracias a todas las lectoras de mi cuento por su esfuerzo en leerlo.
¡Ah!. Mi amigo epsilón también os da las gracias.
Un saludo muy cordial a todas.

Verónica R. dijo...

Gracias Miguel Angel por esta "aclaración".

Anónimo dijo...

Mi nombre es Maribel Martin y soy una aficionada de los cuentos de Miguel Angel. ¡Me encanta!