sábado, 11 de junio de 2016

ACTA "CENA DEL LIBRO" 19 de mayo


Como estaba previsto nos reunimos el día 19 de Mayo para comentar el libro “Lejos de Ghana” de Taiye Salasi. El encuentro cena fue en el  Paladar de Felisa, tuvimos un salón para nosotras solas importante a la hora de hablar pues ya la discriminación auditiva va estando más dura. Así la conversación es más fluida Faltaron algunas ya previstas y algún imprevisto. Tuvimos como invitadas a Pazzis que era su primer encuentro en esta cena y Mónica que ya había estado con nosotras.
Como siempre al inicio, con los entrantes , hablamos de todo y por alguna razón llegamos al orden y desprendernos de cosas, también comentamos del libro  la magia del orden muy relacionado con el tema
Con los platos fuertes, comenzamos con nuestro libro ¿Por qué ese título? Marga y Vero comentaron como el titulo ha variado de unos países a otros y parece que hace referencia a esas bolsas a cuadros grandes de rafia tan típica en los inmigrantes.
La autora es afroamericana y ella habla en una entrevista de un nuevo concepto los “afropolitas” hace referencia a todos esos jóvenes que teniendo sus orígenes en África han nacido y vivido en diferentes países de Europa y África.
La lectura del  libro como en todo grupo hay diferentes impresiones, para algunas les ha gustado la riqueza  de lenguaje para describir  y la forma  de su relato que va desgranando la historia de esa familia, curioso y atractivo, para otras les ha resultado pesada.
Se hablo de esa familia donde parece que se quieren y están todos ahí en ese momento  ya acuden con Fola a África con  la muerte del padre, pero no son capaz es de expresar lo que sienten entre ellos. Comentamos también la situación de los mellizos, las situaciones dura por las que pasan a las que envía su madre pensando que era bueno para ellos. Al final desde diferentes lugares y momentos se reencuentran y todos van a la llamada de Fola y vuelven a Ghana.
Nos llamo la atención cuando nace “Bebe Sai” no se le pone nombre por la alta mortalidad infantil y a partir de ahí hablamos y comentamos las diferentes formas de vivir y enfrentarnos a la muerte en las diferentes culturas. La madre   de Kweku también había perdido un hijo  y tras el ritual volvió a sus tareas diarias.
Llegamos a los postres, esta vez se pidieron pocos (faltaban las más golosas¡) y como siempre hablamos de nueva fecha y nueva propuesta. Como Septiembre lo veíamos lejos y queríamos un encuentro decidimos un libro pequeño y dejar otra propuesta que había para después del verano y quedamos:
Cena:  día 7 de Julio
Libro: “Una suerte pequeña” de Claudia Piñeiro
Organiza: Rosa C.

jueves, 19 de mayo de 2016

Convocatoria de la cena

Esta noche 19/05/2016, a las 9.30 os espero en el Paladar de Felisa, Calle de Sergio Sánchez, 10, 10003 Cáceres.

viernes, 29 de abril de 2016

"Ghana must go" Lejos de Ghana

"Ghana must go"

lunes, 11 de abril de 2016

ACTA DE LA CENA DEL 31 DE MARZO: LA LEY DEL MENOR.IAN MCEWAN.

Perdonar la tardanza, pero tenía las notas muy muy guardaditas y no las encontraba. Nos reunimos el 31 de Marzo en Santiesteban. Un jueves un poco acidentado porque sólo estuvimos 10,incluso yo estuve a punto de fallar porque el día antes habia tenido un virus que me tenía un poco pachucha, pero con ganas lo pude arreglar comiendo poco y suave. La cena estuvo bién aunque el salón estaba lleno no nos fué mal,pues al ser pocas, podiamos hablar y escucharnos. Pilar Bacas empezó sorteando" El último Bulevar", la primera publicación de Cáceres Verde, que había presentado en el Ateneo. Una defensa de una parte importante de nuestra ciudad, La Avenida de la Montaña. Ah!! El libro me tocó a mi. Después de un poco de cotilleo, nos centramos en el libro "La ley del menor". El titulo fué la primera discrepancia que surgió.Para algunas no era muy adecuado. En lo que si coincidiamos era en la protagonista, Fiona. Una profesional respetada especializada en derecho de familia y con una larga experiencia. Mujer madura que acaba ver como su matrimonio navega en la rutina y su marido le pide una única aventura. Ella nos pareció emotiva y racional. Jueza impecable. El libro no describe su historia personal pero se vé. De todos los casos en los que trabaja, todos muy interesantes,nos centramos sólo en el de Adam, un chico con leucemia que rechaza una transfusión de sangre que le puede salvar la vida por ser Testigo de Jehová. Adam no ha cumplido los 18, no es mayor de edad por lo que el futuro no está en sus manos sino en las del tribunal que preside Fiona.Ella lo visitará al hospital y allí hablarán de poesia y música. Esto les unirá, sobre todo la música, es su esperanza. La religión es coprotagonista de esta historia, pero ella no toma parte en su religión, no la critica, ella le escucha y luego actuará. Le salva la vida por lo que sentirá una dependencia afectiva con él. Yo creo que este libro tenía mucho para hablar, pero... no fué así , no profundizamos mucho y eso que gustó a la mayoría de las presentes.Pasamos a hablar de cine. La próxima cena será el 19 de Mayo. la organiza Rosalía y leeremos " Lejos de GHANA", De Taiye Selasi.

jueves, 10 de marzo de 2016

ACTA CENA 18 DE FEBRERO 2016 "EL HEREJE" MIGUEL DELIBES



18 de febrero de 2016, puntuales la mayoría, menos las que habían ido a ver un corto al Ateneo que estaban disculpadas, nos juntamos una vez más en Eulogio Blanco, sonrientes y besuconas, alegres de reencontrarnos y echando de menos a M José, Maite Macías y Marga que por motivos dispares no habían podido asistir.
Entre plato y plato, ensalada de perdiz, berenjenas, tacos de solomillo, fruta y dulces y después de habernos puesto al día, del nuevo niño y de la alegría de la abuela de estar con él, y el recuerdo de las que faltaban, fuimos comentando y desgranando “El Hereje” de Miguel Delibes.
Una vez más, y gracias a la riqueza del grupo surgió la polémica, es genial porque no tenemos punto medio, a algunas les encantó, a otras les fue enganchando y a otras entre las que me encuentro fue la obra de Delibes que menos nos había gustado de las que conocíamos. Si coincidíamos todas, que el inicio era un poquito caótico. A las que les había parecido interesante defendían lo bien que describía a los personajes y lo bien documentado que estaba, sin embargo Pilar comentó que le había llamado la atención que en una conferencia que había estado, el ponente al cual no menciono, lo había calificado de anacrónico y justificaba su afirmación diciendo que en esa época no existían los gremios, bueno opiniones con la que otros historiadores no parecen coincidir.
Se destacó lo bien que describe el Valladolid del siglo XVI y la vida de la ciudad que vive un momento de expansión, en un contexto histórico relacionado con las corrientes protestantes, la censura y la Inquisición. Logra igualmente llevar a la reflexión sobre la intolerancia y la violencia que proviene de ella-
Yo leí una crítica encontrada en un Blog “La Ficción Gramatical” con la que me identificaba totalmente, ya que afirmaba lo que yo pienso “Vaya por delante que Delibes me parece un narrador excepcional, un escritor extraordinario de una solidez y solvencia indiscutible, pero no por ello resulta menos llamativo que el inicio de su carrera y tristemente su final, se produzcan con sendas obras en falso….”,  tal vez, porque me faltaban las palabras para expresar mis opiniones sobre la obra o porque como era la organizadora de la cena consideré que debía aportar otros comentarios o reflexiones, que enriquecieran al grupo, como habíamos hecho otras veces, pero no fue muy acertado por mi parte, porque originó polémica y desencuentros que lamento.
Quiero terminar con una frase del libro, que el autor pone en boca de Pedro el párroco de Pedrosa “….LA VERDAD Y LA CULTURA, PARA SER TALES, DEBEN MARCHAR UNIDAS”.

lunes, 29 de febrero de 2016

LA ESPERA (Concurso de relatos Breves, Malén Álvarez)

LA ESPERA
Llegó cansada al aeropuerto después de un vuelo corto y un retraso interminable.
Conocía la ciudad como la palma de su mano, pues había vivido allí algunos años, y mientras lo hizo la disfrutó y la vivió intensamente.
Pidió al taxista que la llevase al hotel, y mientras hacían en silencio el recorrido detuvo su mirada en las esquinas conocidas, en algunos rincones mientras veía cómo habían ido desapareciendo algunas casas de azulejos, o pequeños bares de comidas que daban paso a edificios altos de cristal y acero, o a cafeterías enormes en donde turistas y funcionarios desayunaban deprisa, para volver al trabajo o para patear la ciudad cuanto antes. No tardaron demasiado en llegar a lo que, durante los siguientes siete días, sería su casa y su lugar de trabajo, pues desde Madrid la enviaban a una convención que duraba toda la semana, cinco días exactos, a los que ella sumó sábado y domingo, y así tener tiempo para aquel lugar que formó parte de su vida. El lunes cogería el primer avión que despegase de vuelta.
La entrada en la recepción fue tranquila, la mayoría de los participantes no habían llegado o no se dejaban ver. Después de todo, no comenzarían hasta las cinco de la tarde, y eso les dejaba un amplio margen para hacer turismo, o para descansar.
Pidió una habitación con vistas al río, y aunque el agua se divisaba a lo lejos, es verdad que brillaba, casi cegadora, y que además se podía ver la silueta del castillo a la derecha, y la desembocadura a la izquierda, roto el curso del agua por el puente. Se detuvo un tiempo más en recorrer con la mirada lo conocido, y se dispuso a deshacer la maleta.
Para todos ellos: los conferenciantes, los participantes, los elegidos a tan alta convención, les habían dejado una bandejita con chucherías de chocolate, dos delicadas copas, y un buen vino dulce.
Sobre una de las mesillas vio un sobre alargado de buen papel, que supuso sería la bienvenida correcta y rutinaria por parte del director. Una carta en la que les daban a los huéspedes la acogida que merecían por haber elegido su hotel. Decidió abrirla más tarde, cuando acabase, cuando volviera de comer, antes de ir a la primera reunión, que se celebraba en el primer piso con un buen café y unos dulces de la Pastelería Nacional. Y agua con gas, y agua sin gas, y nada de alcohol hasta la cena de la noche, se dijo mientras colgaba la ropa en el armario, como en todos estos sitios, como en todas estas reuniones…
No era demasiado tarde cuando entró de nuevo en la habitación, satisfecha por la excelente cena y también por los primeros contactos que había establecido. Gente ya conocida, y otros nuevos con los que tendría una convivencia amable durante aquellos días. De hecho había prevista alguna excursión a los alrededores, y ese tiempo libre resultaba tan productivo como la reuniones de horas interminables.
Puso la televisión, y se puso el pijama, decidió probar el vino que le ofrecía el hotel, y recordó la carta que vio por la mañana en su mesilla. Se instaló cómodamente en la cama, y abrió el sobre que llevaba esperando todo el día.
Pero no era una carta de bienvenida lo que encontró, no era un mensaje impersonal, unas frases hechas las que agradecían su elección y le deseaban una feliz estancia; eran unas letras en tinta azul, bien dibujadas, de trazo firme que comenzaban, sin encabezamiento, a hablar de amor, en un papel amarillento y desgastado.
Su desconcierto fue total: “Ida hace tanto y tan añorada. Tan recordada cada día, a pesar de que la vida ha seguido con fuerza, pero sin ti…” No podía dejar de leer, aquellas frases la atrapaban y continuó hasta el final mareada por el vino y por las palabras. Tomó otra copa antes de dormir.
Todo fue bien durante la mañana. No volvieron al hotel hasta la tarde, y mientras abría la puerta, y la luz tamizada la acogía, pensaba en la carta de la noche anterior. Allí estaba de nuevo el sobre, dentro el papel con las dobleces antiguas y marcadas, y sobre él el texto con que comenzaba: “Mi querida María…”. Y repitió el rito de la noche anterior, la lectura pausada, el paseo lento de su mirada por los trazos finos y alargados de aquellas letras, luego ese afán por conocer los lugares de los que hablaba, esos lugares tan queridos por ella, los cafés, las plazas.
Volvió contenta pero cansada, era ya el cuarto día de estancia y empezaban a pasar factura las horas de negociaciones, y la sonrisa permanente. Ese día habían invertido el orden de trabajo, toda la mañana la habían pasado en una pequeña ciudad tranquila y turística, llena de tiendecitas de recuerdos, de cafés, de calles empinadas. Realmente los tratos se hicieron en el autobús de vuelta, de modo que ese día tan largo había terminado para ella. Cenaría en su habitación, y luego volvería a repetir lo que era ya necesidad, la lectura de la carta que la esperaba en la mesilla: “Mi amor, mi amante, mi amiga: tú sabes cómo me gustaba cuando escondías tus manos entre las mías…”. Se había ido acostumbrando a aquellos mensajes de amor, tan auténticos y tan tristes.
La última noche, después de la última carta, hizo una llamada. Felicitó al director del hotel por su buen hacer, una conversación ligera y llena de cortesía. Después de un breve silencio le dijo que respetaba su actitud. “Sé que prometimos no volver a vernos, pero tenía que oír tu voz antes de irme. Gracias por haberme hecho llegar las cartas que nunca me mandaste”. Nadie contestó al otro lado.
A la mañana siguiente dejó el hotel muy temprano, cuando aun no había amanecido.

relatos breves

miércoles, 13 de enero de 2016

MALÉN ÁLVAREZ: VERDAD EN LA ESCRITURA

12 enero, 2016

“Cuando sea vieja y todo mi trabajo consista en contemplar el paso de las estaciones para confundirlas siempre con otras primaveras, quiero hacerlo siempre desde un gran ventanal, para gozar de un solo golpe del tiempo que ya no me queda”.
Malén Álvarez, El ancho olvido, 2004.
Nostalgia. El cristal frío de una tarde de lluvia y el vapor del aliento que lo empaña. Los colores de la juventud y el sonido de una risa que se apagó hace tiempo. Y otras muchas, diferentes sensaciones, imágenes en las que nos sumerge este párrafo. Imagen: es la clave de la deliciosa prosa de la escritora Malén Álvarez. Pocas cosas se valoran menos que la cultura en nuestra sociedad, pero es difícil convencer a los amantes de la literatura, las series o el cine de que son bienes de lujo cuando sabemos que la sed de historias es una necesidad. Historias que nos hacen vivir otras vidas, viajar a mil lugares o saborear la cotidianidad que pasa de largo en nuestro día a día. Una búsqueda de experiencias que encuentra un lugar idóneo en la obra de esta autora, con un característico estilo visual que consigue a través de diferentes recursos que envuelven al lector en esa otra realidad.
IMAGEN 1- niña
Una trayectoria de más de veinte años de publicaciones que recorren la novela, con títulos como El Altozano (1992), La cáscara amarga (1999) o El ancho olvido (2004), relatos en revistas y volúmenes colectivos como las explosiones literarias de Oswiecin (Alcántara, 2005), Espejos (La quinta dimensión, 2009) o Es lo que ocurre con los sueños (Norbania, 2014), y cuentos, no sólo aquellos que nos hacen entrar en otras tierras y otros tiempos como su última publicación Un cuento corto (Letras para crecer II, 2015), sino los que nos hacen chocar con la realidad, de por ejemplo, el maltrato a la mujer, como es el caso de Consuelo (Somos dos con dignidad, 2004). Un abanico de historias de todo tipo con un arma infalible en común que atrapa al lector: la verdad, que nos hace conectar. Enmascarada en fantasía o en una bella crudeza, la escritora demuestra que no es sinónimo de realidad. ¿Cómo se crea “verdad” en un libro?
En una entrevista concedida a Libre Producciones en 2015, encontramos una clave importante de la verdad de Malén Álvarez. La autora habla de cómo su proceso de creación parte de su entorno inmediato para añadir después una buena dosis de imaginación: “Yo creo que uno escribe de lo que conoce, y lo que conoces es tu vida, tu biografía y tu entorno inmediato. Es verdad que luego el escritor recrea y miente o disfraza (…), y la imaginación la dejas volar.” Esta afirmación se traduce en uno de los rasgos fundamentales de su escritura: los temas empapados de cotidianidad pero casi siempre con un tinte de fantasía que sigue los pasos del realismo mágico hispanoamericano, profundizando en la realidad a través de la magia que hay en ella. Así, en la novela El Altozano (1992), la autora parte de una premisa fantasiosa en la que tras la muerte de su abuela, la protagonista se equivoca al marcar un número de teléfono y encuentra al otro lado precisamente a su abuela, pero hace más de cincuenta años atrás. Y enLa cáscara amarga (1999) por el contrario, el punto de partida es absolutamente realista (la herencia de una casa que sorprende a la protagonista al comenzar la historia), pero la novela está cargada de elementos imposibles: un lechero al que su vaca lamió la calva y ahora luce una melena de color azul, una estanquera que sólo habla con versos alejandrinos y la tía de la protagonista que enrolla cáscaras de naranja en sus muñecas para liberar las penas.
IMAGEN 2-Malén
Otro rasgo de su entorno inmediato que reconocemos en su obra es la frecuente narración en primera persona y siempre desde un punto de vista femenino, además de incluir dos protagonistas fundamentales: el espacio y el tiempo que nos sitúan en el aquí y el ahora de esa forma tan intensa en la obra de esta autora. Estos elementos son esenciales en la sensorialidad de las escenas que describe Malén Álvarez. El tiempo en forma de luz, de estación o de arrugas en la piel que nos daba esa nostalgia inevitable en el texto con el que comenzábamos el artículo. Y los lugares que, aunque imaginarios en muchos de sus relatos, parten de un paisaje cercano para la autora, como en el caso de El ancho olvido (2004), donde Lisboa, en la que vivió una temporada de su vida, se involucra con olores, colores y presencias en la historia, según sus propias palabras.
IMAGEN 3-Lisboa
Decíamos que verdad no es sinónimo de realidad, aunque se parta de ella. En la verdad de esta obra interviene de forma decisiva el foco sobre los detalles (a veces cotidianos, a veces mágicos, a veces ambas cosas), el darle otra mirada a las cosas que pasan por nosotros día a día. Esos detalles son narrados a través de un estilo muy particular de “prosa-poética”, y la combinación resultante es un discurso intuitivo pero muy trabajado para encontrar la palabra precisa que te sumergirá en su mundo.
“La llegada del buen tiempo, la ligereza del aire, el olor de las flores que comenzaban a abrir, llenaban el cuarto de la costura de risas a media voz, de susurros de siesta y crujidos de almidones que ocupaban el ambiente con un alboroto de pajarera.”
Malén Álvarez, Un cuento corto, 2015.
IMAGEN 4-Sorolla
Involucrarte en la historia de un libro, donde puedes detenerte, releer o aislarte por completo, donde la imagen se crea directamente en nuestra mente, adaptándose a nosotros y a nuestra propia verdad no sólo consiste en una experiencia única con la que poder saborear a nuestro ritmo un relato, sino que también se convierte en una potente forma de sensibilización. Desde un punto de vista muy íntimo, los relatos de Malén Álvarez ponen además voz a dramas impactantes, históricos o sociales. Es el caso de los relatos de Oswiecin (Alcántara, 2005), donde la mirada de la autora a la tragedia del holocausto judío y el campo de concentración de Auswitch se manifiesta en forma de monólogos de los dueños de esas gafas apiladas, trenzas, montones de maletas y zapatos desparejados cuando aún eran suyos. Consuelo(Somos dos con dignidad, 2004) sigue un formato muy parecido, desarrollando la historia de una mujer maltratada a través de las miradas de distintos personajes.
“Los árboles no se mueven con el viento. Ni se mecen sus hojas con la brisa. El sol no me ciega y ya es mediodía”
Malén Álvarez, prólogo de Oswiecin, 2005.
IMAGEN 5-Balneario
Esa verdad que buscamos en las historias, no es única ni igual para todos. Retomando las palabras de la autora, “lo que conoces es tu vida y tu entorno inmediato”, y eso es diferente para cada uno de nosotros. Es difícil buscar una verdad universal, y lo que puede llegarle a algunos, a otros quizá les deje indiferentes. Sin embargo, dentro de esta premisa hay una gran diferencia entre la escritura que sale de nosotros (aunque luego añadamos elementos externos más o menos conocidos, investiguemos e imaginemos) y la escritura que no ha sido sentida. La obra de Malén Álvarez está llena de movimiento, el movimiento que se genera cuando combinas opuestos (¿o quizá complementarios?) como emoción y técnica, prosa y lírica, realidad y fantasía. Está llena de vida, de su verdad. Y los textos, las películas, las historias de verdad nunca te dejan indiferente.
“Entonces, cuando se cerraba definitivamente la puerta, el murmullo de la galería se apagaba, y quedaban enredadas entre los hilvanes las palabras, hasta el día siguiente en que todo volvería a comenzar.”
Malén Álvarez, Un cuento corto, 2015.
Milena Cañas