Acabo de levantarme, y aún con esa pereza de domingo sin obligaciones en el cuerpo, me siento en el ordenador, para escribir y describir en magnífico día de ayer, antes de que las pocas neuronas funcionantes de mi cerebro se declaren en huelga y no recuerde la mitad de las cosas (nuestro grupo, a pesar del ejemplo de las de “Hoy libro”, sigue sin tomar ni una sola nota).
El fin semana empezó el viernes por la noche y hay planeada una visita al Museo Guayasamin para el domingo. Como no he podido ir (obligaciones familiares que tiene una), espero que alguna asistente de las afincadas en Cáceres complete esta entrada.
He colocado alguna foto puntual en este comentario, pero el grueso esta colgado debajo de las fotos de la cena con Dulce (vamos sumando acontecimientos). Añadiré las que me manden Rosa, que estrenaba cámara, y vaya usted a saber, y Julia que hizo un montón, con primeros planos de todas y de la que me fío bastante más. La fotógrafa del grupo de Sevilla fue destituida del cargo. Les prestaremos nuestro reportaje gráfico

A las diez menos cinco de la mañana estamos Bea, Marga y yo en el arco de la estrella, para empezar la visita guiada a la ciudad monumental. Poco a poco van llegando las familias sevillanas (parejas e hijos incluidos), con bastante puntualidad, dadas las circunstancias (la multitud de niños que traían sobre todo). Los niños más pequeños aparecen enfundados en las camisetas de “Caceres capital cultural 2016” que ha conseguido Bea. Tocan besos y presentaciones. Sus nombres me bailan, a pesar de repetirlos cientos de veces, otro dato que corrobora mi decadencia neuronal, así que espero no equivocarme de aquí en adelante.
Con ojos somnolientos se presenta nuestra magnífica guía, Milagros, amiga de Emma y Bea, que nos acompaña por la parte antigua con comentarios ágiles, amenos y salpicados de gracia. Hay que decir que contó con una ayuda inestimable, que ningún otro grupo había aportado hasta el momento: un masajista profesional que periódicamente aliviaba la tensión de su espalda, así qué, relajada, nos paseó por los palacios, las calles y el aljibe.

Aquí tenéis al subgrupo femenino adulto. Las tres adolescentes caminaban apartadas, y probablemente avergonzadas de sus mayores, los niños a su aire (excepto uno que aparece en la imagen y no controlo de quién es hijo) y los hombres se retiraron gentilmente, e hicieron las fotos, dando protagonismo a las mujeres presentes en aquel momento, que por orden, de izquierda a derecha somos: Pilar (Pililebe), Milagros, Bea, Cristina, Emma, Marga (Cáceres), Ángela, Maite (yo), Elena, Isabel, Pepa y Marga (Sevilla).
Poco después se unen al grupo Pilar Bacas, encantada, y con un pelo perfecto recién horneado en la peluquería, y Ángeles que ha madrugado y a las 12 de la mañana está en Cáceres, a tiempo para que su familia se vaya con el grupo de padres y niños a Los Barruecos, para un bucólico paseo en burro por los canchales. Como estamos un poco cansadas y hace un poco de frío (yo me había puesto una chaqueta de primavera-verano, monísima pero heladora) nos vamos a tomar una cerveza al antiguo Hotel Meliá (todavía no me he aprendido el nombre nuevo)- Algunas (las sevillanas y Emma, que no puede resistirse a esas cosas) hacen una parada previa en la tienda de enfrente, y aparecen adornadas con collares, pendientes y broches multicolores.

Ya son cerca de las 2 (hora de la comida) y se unen al grupo las tres sevillanas que faltan: Rocío (también llamada Julia Carlota, pero eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión), María (Sur) y Maria del Mar. Para que podáis poner las cara a los nombres he numerado en la foto a las que no aparecen en la anterior: Rocio (1), Angeles(2), Maria (sur) (3) y Mª del Mar (4)
Cruzamos la calle y llegamos al restaurante “El Figón”, el de siempre de Cáceres de toda la vida. Aparecen las tres cacereñas que faltan: Isamari, y Julia a su hora y Rosa, corriendo como siempre, porque ella pensaba que el restaurante era otro, enfrente de su casa, y se le echó el tiempo encima. Bea y Emma habían conseguido, trabajándose al camarero , una mesa “cuasi cuadrada” (es decir, rectangular), en un reservado, y la verdad, para ser diecinueve, más o menos (con algunas protestas de las más cercanas a la puerta, que no oían del todo bien), nos pudimos entender y todo discurrió con un cierto orden.

Lo primero primero : cantamos otra vez nuestros nombres en alto; firmamos en el libro de actas de “Hoy libro”, un coqueto cuaderno entelado en rosa fucsia, con el logo en la portada e intercambiamos marcapáginas.
Lo segundo, dirigido suavemente por Marga-Sevilla: el comentario del cuento: Seguro que en el blog de “Hoy libro” aparece pormenorizado. Yo haré sólo un repaso general. Bartleby, el Escribiente de Herman Melville. Como un clásico que es, algunas (yo entre ellas) pensamos que en el lenguaje se nota la época y los años, y eso lo hace denso. Cristina apunta que el ser un relato publicado por entregas en un periódico explica el carácter a veces reiterativo. La mayoría ve la historia como una fábula, aunque Rosa discrepa, porque según ella, en la administración, se ha encontrado con tipos superponibles (claro que nadie creyó que llegaran al punto de vivir en la oficina) Los personajes están fantásticamente descritos y “explicados”, salvo el escribiente, que aparece como un fantasma. Y con un protagonista fundamental, el abogado. Julia cree que sus reacciones a lo largo de la historia nos enfrentan con nuestras propias respuestas ante personas similares (no tan extremas, por supuesto). El cuento ha sido catalogado como unos de los primeros relatos existencialistas, y para Rocio y Pilar Bacas, lo mejor es el párrafo final, ese hombre trabajando en el departamento de Cartas Muertas, y dejandose luego morir encarcelado.
Se fija la segunda reunión Sevilla-Cáceres para el fin de Semana del 3-4-5 de Octubre. Hay tiempo, por favor, haced un hueco en vuestras agendas, va a resultar divertido y enriquecedor, se van a volcar con nosotras (su entusiasmo es apabullante), ellas ha venido ONCE, así que, fuera pereza, fuera compromisos (excepto los ineludibles), y vámonos todas. La lectura para ese día ha sido propuesta por Pilar Bacas (como escritora presente en el encuentro) El libro se titula “Una letra femenina azul pálido” de Franz Werfel .Os transcribo una sinopsis que he encontrado:

“Viena, 1936. Un alto funcionario del ministerio, casado con una bella y rica dama vienesa, abre una carta. Reconoce la letra azul pálido del sobre y esa caligrafía se hunde en su rutilante vida como un cuchillo y la disloca de inmediato. Es la letra de una mujer, un amor imposible del pasado, tal vez el único verdadero de toda su vida, y la carta habla de un chico, acaso un hijo ignorado. Esta magistral novela, escrita en 1941 y rescatada ahora con extraordinario éxito en varios países europeos, es un agudo retrato psicológico de un hombre con el «corazón destrozado», de una víctima de su propia cobardía, y un amargo y contundente análisis de la sociedad que ha ahogado su pasión.”
En el apartado final, ruegos y preguntas, Pilar Bacas nos pide el título de algún libro que nos hubiera gustado especialmente a lo largo de nuestra vida. Ha salido una lista que espero que algún día cuelgue en el blog. Luego, relato extenso de quienes somos, cómo nos conocimos, cómo nos organizamos, como elegimos el libro…Lo nuestro nos lo sabemos. Os hago un resumen de su historia. Parten de un “kit básico”, de seis amigas-vecinas-lectoras, y cada una de ellas, ha ido llamando a otras, hasta formar un grupo de quince, que nunca coinciden al completo (una de ellas por ejemplo, hermana de Marga, acude cuando puede expresamente a las cenas desde La Coruña, en avión, con vuelos baratos), cada una de ellas lleva un libro para recomendar, que de ahora en adelante deberán haber leído previamente, para garantizar mínimamente la calidad (han tenido algún tropezón, como nosotras). En la cena comentan el libro al principio, como hemos podido comprobar en esta comida, es una buena idea, te pilla fresca y los comentarios son más extensos y jugosos, propongo que nosotras lo incorporemos también como norma (que podremos romper siempre que queramos, no faltaba más).
A las 5 de la tarde, los camareros no echan amablemente, y nos vamos a La Fontana a tomar una copa (con o sin alcohol, de todo hubo), mas cotilleos en grupos pequeños, y para terminar un colofón inigualable: Pilar Bacas, nos invita a subir a casa de su madre (92 años muy bien llevados), para escuchar una pequeño concierto de piano, Allí nos sentamos las diecinueve, aplaudiendo encantadas, mientras ella tocaba el piano, sin audífono y sin gafas. Todo un reto. En esas estamos cuando llaman a la puerta. Es una amiga de la madre de Pilar, más joven, sólo tiene 74. Nos cuenta su vida como estudiante, trabajadora y concejala, en una época en la que a las mujeres de esta ciudad provinciana sólo se les permitía soñar con el matrimonio y los hijos. Las dos participaron muy activamente en la asociación de viudas de Cáceres. (presidenta y secretaría si no recuerdo mal). “Viajamos muchísimo” dice, entre risas, la madre de Pilar. Y nos vamos.
¿Alguien da más?