miércoles, 16 de octubre de 2019
Deseos. Por ÁNGEL BASANTA. "El Cultural" 17 junio 2011
Marina Mayoral. Archivo de la autora.
Alfaguara. Madrid, 2011. 360 páginas, 18 euros
Con más de veinte obras, entre novelas y libros de cuentos, escritas en más de treinta años, en castellano y en gallego, Marina Mayoral (Mondoñedo, 1942) ha ido construyendo una trayectoria narrativa que ha ganado en interés y calidad literaria. Esto se cumple también en Deseos, novela redonda que considero la mejor de las suyas. Porque, además de conseguir una estructura narrativa caleidoscópica como artefacto privilegiado para novelar la vida de una pequeña ciudad de provincias, contribuye a ampliar y a anudar con nuevos vínculos el microcosmos literario de la autora, con explícita inclusión de personajes que habían aparecido ya en novelas anteriores.
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Su territorio literario es la ciudad imaginaria de Brétema, creado a partir de su Mondoñedo natal, bien reconocible por su clima de niebla (significado de “brétema” en gallego) y lluvia persistentes, la omnipresencia de la catedral, cuyas campañas marcan el paso de las horas, y la asfixia vital y moral que se apodera de unas gentes condenadas a empujar la vida en un mundo cerrado en el que todos saben de todos y del que solo algunos logran escapar, sin que ello sea garantía de mayor felicidad con respecto a los que allí se quedan. Banalidad y trascendencia se dan aquí la mano, como en tantas novelas contemporáneas, para recrear pasiones y sentimientos, amores y desamores, ilusiones y frustraciones de unas vidas entrelazadas por diferentes nexos de parentesco, amistad, profesión, amor y sexo a lo largo de un día, desde las 6,30 de la mañana hasta las 12 de la noche del 12 de octubre de 1982.
El texto se compone de ocho capítulos rotulados con sucesivas referencias horarias y divididos en varias secciones (algunos con una sola), encabezadas siempre con el nombre del personaje (a veces son dos o tres) en el que se focaliza la visión de lo relatado en dicha sección.Con una estructura narrativa tan precisa en la misma franja horaria para todos los personajes, que se cruzan con frecuencia en las calles de un espacio pequeño y cerrado, el narrador omnisciente va dando cuenta de los problemas y conflictos de cada uno, empezando siempre por el presente y retrocediendo gradualmente hacia el pasado. Para lo cual se va cediendo la visión al personaje anunciado en el rótulo de cada sección manejando con habilidad el estilo indirecto libre, que, con transición natural, deja paso al monólogo interior, a veces en segunda persona autorreflexiva, sin llegar nunca al desorden caótico de la corriente de conciencia. En varias ocasiones el diálogo se impone como técnica preferida para el desnudamiento de almas, como se ve en el admirable ejemplo desarrollado entre Consuelo y Héctor (págs. 177-189). A veces se trata de monodiálogos, como los de Constanza, que se acostó con tres generaciones de los Monterroso, ante las tumbas del padre y del hijo. Y en esta variedad de registros hay que destacar la gracia y la naturalidad del diálogo a tres voces en el desayuno de las tres tías abuelas de Etelvina, la aspirante a escritora, porque su cotilleo preñado de rumores, sospechas y revelaciones da lugar a memorables páginas del mejor humor (129-145).
Dicha estructura narrativa, basada en la reducción espacial y temporal, permite contar un día de la vida de varios personajes nacidos o afincados en Brétema, desde los representativos de la posguerra española hasta los más jóvenes en los 80. Varios han coincidido en su paso por la universidad y han recalado en Brétema. Y el monótono transcurrir del día novelado resulta removido por algunos sucesos que hacen avanzar la acción y también rememorar el pasado. Pero lo importante es el afortunado cruce de pasiones y sentimientos de los personajes. Y así se completa una espléndida novela psicológica, rica en sensaciones y matices, en la que todo confluye en un canto al amor y a la escritura.
miércoles, 9 de octubre de 2019
ACTA DE LA CENA DEL 19 DE SEPTIEMBRE 2019
Me toca organizar la primera cena después de las vacaciones, y pienso que sería buena idea elegir un sitio al que no hayamos ido nunca. Se me ocurre que estaría bien probar el Santisteban de Pizarro, no hemos cenado allí antes… por lo menos tal como está ahora, porque sí que hemos estado en este mismo edificio celebrando otra cena que transcurrió de forma un pelín “accidentada”, pero que nos dejó un recuerdo que difícilmente olvidaremos y que formará parte por siempre del anecdotario de nuestro grupo. Decido además dejar en manos de Juan, el propietario del Santisteban, la elección de un menú ajustado a nuestro presupuesto, por lo que llego al encuentro como todas, sin tener ni idea de lo que vamos a cenar, dispuesta a dejarme sorprender por la profesionalidad y buen hacer de nuestro “anfitrión”. Vamos a estar diez sentadas a la mesa, aunque realmente sólo cenamos nueve (Mayte M., espero que cumplieras tu objetivo para la boda porque tuviste una fuerza de voluntad impresionante). Faltan Carmina, Mª José, Marga y Pilar… ¡chicas, esperamos vernos en la próxima!
Tal como vamos llegando, nos vamos saludando y contando los avatares de todo el verano aunque, sin duda, la noticia de la reciente jubilación de Verónica es la más aclamada y envidiada de todas -enhorabuena de nuevo, Vero-. Nos sentamos a la mesa (cuadrada como queríamos, en un salón para nosotras solas, con una vajilla preciosa… por lo menos, la cosa pinta bien) y, entre risas y charlas, empezamos con la cena: nos sirven en primer lugar una ensalada de pollo escabechado, que nos da pie a abrir el debate sobre el libro que nos reúne, Las hermanas Bunner de Edith Warton. He de decir que llevaba una libreta y bolígrafo para ir anotando todo lo que se hablara, pero se me olvidó completamente sacarlos del bolso… así que he de fiar este relato totalmente a mi memoria - que a veces no es todo lo buena que yo quisiera - por lo que espero no olvidar nada importante de todo lo que se dijo.
Es opinión general que se lee muy bien (incluso aquí Rosa hace mención a aquello de que a veces es el libro el que te atrapa a ti), que está escrito maravillosamente, que la autora hace tales descripciones que se pueden “ver” perfectamente los lugares y los personajes que describe… en definitiva, que no nos ha dejado indiferentes a ninguna.
Seguimos con un arroz meloso con setas a la vez que vamos desgranando los personajes y situaciones: es Ann Eliza la protagonista indiscutible, tal como bien dice el prólogo: “a quien la voz que narra se pega como una sombra”. Alguien apunta que tuvo que dejar de leer el prólogo para que no se le “destripara” la novela; y es cierto, podría copiarlo literalmente para hacer este resumen y quedaría fenomenal… pero no sería tan interesante como nuestra charla.
Nos cuesta trabajo situar el escenario de la novela en Nueva York, tal vez porque visualizamos esta ciudad como una gran urbe cosmopolita y no nos detenemos a pensar en sus barrios más humildes; hablamos de que la autora suele reflejar en sus novelas la vida de las clases altas de la sociedad; sin embargo, en esta obra se refleja a la perfección el ambiente de las clases más bajas: nos imaginamos con detalle el barrio, sus calles, las casas, e incluso podemos llegar a oler la mercería y la trastienda donde viven ellas.
¿Qué edad pueden tener las hermanas, veintimuchos o treinta? Una edad suficientemente elevada como para que Ann Eliza piense que ya se le “ha pasado el arroz”, pero no tanto como para evitar enamorarse del relojero -quizás porque supone un aliciente en su monótona vida-. En definitiva, una edad que le proporciona una madurez y generosidad tal como para renunciar a ese amor que vive en silencio en favor de su hermana pequeña…¿seríamos nosotras capaces de tal renuncia…? Su hermana Evelina, por el contrario, nos parece un tanto egoísta, distante, interesada… aunque su personalidad queda más desdibujada en el relato porque es la de Ann Eliza la que despierta un mayor interés narrativo para la autora.
Mientras degustamos el wok de verduras con presa ibérica seguimos comentando acerca de la relación de las hermanas con sus vecinos; aunque hay quien piensa que hay cierta distancia y frialdad entre ellos, a otras nos parece que se percibe más bien que tienen esa relación de vecindad típica en la que se ayudan y apoyan entre ellos (su vecina modista, la señora Mellins, les “presta” a una de sus trabajadoras, e incluso también dinero, el señor Hawkins presta su ayuda en la búsqueda de Evelina…), aunque con ninguno de ellos llegue a ser una amistad como tal. ¿Existen hoy día relaciones vecinales así…?
Hablamos del relojero, Herman Remy, cuya única prioridad en su relación con las hermanas es la de encontrar a alguien que limpie y mantenga su casa y sus vicios, de ahí que le dé exactamente igual cuál de las dos hermanas acepte su propuesta. Nos lo imaginamos perfectamente por la descripción de Edith Warton como un hombre anodino, desdentado, sucio, mal vestido, e incluso se nos hace difícil comprender cómo finalmente una chica joven como Linda, hija de señora Hochmüller, puede tener interés en escaparse con él. Sin embargo es la persona que introduce una ilusión de cambio en la rutina de las hermanas, y por eso las dos lo ven como una oportunidad para ellas. Hablamos también del opio, de lo extendido que estaba su consumo en aquella época, de las adicciones y de sus consecuencias. ¿Qué papel habrá jugado la señora Hochmüller en el pasado del señor Remy…? Parece claro que conoce la situación, por lo que cuenta de ella Evelina al volver a casa, pero la autora no ahonda más en lo que hubo en esa antigua relación entre los dos.
Y con el postre, una macedonia de fruta natural, abordamos la segunda parte del libro, la más triste: la terrible soledad que siente Ann Eliza tras la marcha de Evelina, sus penurias económicas, la búsqueda desesperada de esa hermana que finalmente vuelve con tuberculosis (menos mal que aquí nos echamos unas risas cuando Rosa nos dice que se imagina a esa mujer enferma tosiendo –debe ser por deformación profesional- en esa trastienda tan pequeña, y que esto ha tenido que provocar el contagio seguro de Ann Eliza), la terrible experiencia que Evelina ha vivido en su matrimonio, el hijo que no llegó a sobrevivir, la muerte final…
Todas coincidimos en comentar la pena que hemos sentido cuando Ann Eliza, después de quedarse sola y tener que venderlo todo, sale a buscar trabajo y se encuentra con que la consideran ya mayor para trabajar… Este aspecto y otros que hemos visto en la novela (renuncia, soledad, maltrato, droga, miseria, marginalidad…), nos hacen concluir que se trata de un relato atemporal que se podría situar en otra época y en otro lugar manteniéndose igualmente vigente.
Para terminar, elegimos fecha y libro para nuestra próxima cena, y de paso nos pasamos un buen rato de risas imaginando las caras de las que faltan –sobre todo de una… ¿verdad, Pilar?- cuando vean el libro que hemos elegido “de mentira”. Por fin decidimos que la próxima cena será el 7 de Noviembre, y leeremos “Deseos”, un libro de Marina Mayoral.
No me acuerdo a quién le toca organizar…¡ay, esta memoria mía! Creo que empieza la lista de nuevo, porque yo soy la última del grupo…
Antes de irnos buscamos a alguien para que nos haga la foto de rigor, y pillamos “a traición” a una niña que entra despistada en el salón a curiosear - la pobre nos hace la foto con cara de susto-…
Y después de este buen rato que hemos pasado, nos despedimos hasta la próxima cena, con muchas ganas de volver a vernos para disfrutar de los buenos libros, las buenas cenas y, sobre todo, las buenas compañías.
Un beso a todas. ¡Nos vemos pronto!
viernes, 12 de julio de 2019
Acta CENA DEL LIBRO, 19 de junio de 2019, "Lluvia fina", de Luis Landero
Nos reunimos en la pizzería Carlos, como si fuéramos adolescentes.
Contamos con la presencia de Magda y con la ausencia de Marga, Carmina y Emi
Algunas aportaciones al debate:
- Consideramos muy adecuado el título del libro, ya que las
vivencias que se narran van calando lentamente y llegan a empapar, como la
lluvia fina que apenas se percibe…
- El libro habla del rencor, de la rabia contenida. De si merece o
no la pena desvelar los secretos que se esconden tras nuestras palabras. En una
de las primeras páginas podemos leer: “Ahora ya sabe con certeza que los
relatos no son inocentes, no del todo inocentes. Quizá tampoco lo sean las
conversaciones de diario, los descuidos y equívocos verbales o el hablar por hablar.
Quizá ni siquiera lo que se habla en sueños sea del todo inocente. Hay algo en
las palabras que, ya de por sí, entraña un riesgo, una amenaza, y no es verdad
que el viento se las lleve tan fácilmente como dicen. No es verdad.”
- Encontramos interesante el estilo narrativo (estructura,
narrador, diálogos enlazados de distintos escenarios que se convierten en uno
solo…) y el fondo narrativo (hondura, sinceridad, defensa de valores…). A veces
se anticipan los sucesos y ello es un recurso que atrapa a quien lo lee. El lector no se pierde a pesar de los diálogos cruzados
- Al principio parece reiterativo pero mantiene el ritmo. Mantiene
la intriga y la tensión aunque no es un libro de intriga
- Hay reflexiones
interesantes, como por ejemplo: “Todos cuantos se sienten fracasados por no
cumplir sus sueños es porque antes no tomaron la precaución elemental de no
dejarse embaucar por los sueños. ”
- El autor muestra empatía con los personajes femeninos. Está muy
bien expresado el punto de vista femenino. El personaje de Sonia se redime
porque es capaz de verbalizarlo todo y enfrentarse a la realidad. Para algunas
es incomprensible el desenlace final, ya que una madre como Aurora, la
protagonista, no abandonaría a un hijo con discapacidad. La lluvia fina
consiguió ahogarla…
- No son necesariamente personajes principales los que más
intervienen, ya que la madre, cuya voz no se oye, es un personaje de una gran
importancia en la historia.
- Los personajes están muy
bien caracterizados. No son personajes planos, van evolucionando. La
importancia de sus gestos, sus reacciones, la soledad…“Si Aurora tuviese
alguien a quien confiarle su historia, le contaría que esa pregunta sobre el
incierto carácter de Gabriel se la había hecho ya más de una vez, no con ánimo
de interpelar a su conciencia para buscar en ella una respuesta, sino como
curiosidad marginal, o como una mera divagación, dejando que la pregunta, tal
como había llegado, se diluyese en el silencio” Algunos muestran una doble
personalidad, especialmente el personaje masculino, Gabriel.
-Va evolucionando la imagen de los personajes que percibe el
lector y la que cada uno de ellos va teniendo de los demás… (sutileza, dureza…
“para mí mamá no volvió ya nunca”). Aparentemente la mejor infancia fue la de
Gabriel, sin embargo se desvela finalmente que fue la peor. En este momento del
debate interviene Isa Mary haciendo una explicación muy interesante acerca de
la evolución del personaje, como psicóloga que es. La novela trata muy bien la
ruptura del vínculo con la madre, que habla pero es omnipresente
- Es muy curiosa la estructura del libro. Realmente el tiempo y el
espacio en que se desarrolla acción es una tarde de carnaval. Hay muy buenas descripciones
del ambiente que rodea a Andrea, la protagonista principal, ese día de
carnaval: “Huele a vainilla, a plastilina, a goma de borrar, a orines, a tinta
de rotulador. Luego de repente se queda otra vez quieta, con los ojos perdidos
en la luz declinante del día, como absorta en un pensamiento que revolotea por
su mente sin dejarse atrapar.” (esto aparece al principio del libro). “Y si Aurora pudiese seguir
contando su historia, no en aquel entonces, sino desde ahora, desde este día de
carnaval en que ya ha anochecido y ella sigue en el aula, perdida en el propio
ensueño de su vida, contaría que…” (este párrafo está al final del libro).
- Coincidimos en que la historia no está bin contextualizada en el tiempo. A nuestro juicio debería situase una década antes, más o menos.
- Coincidimos en que la historia no está bin contextualizada en el tiempo. A nuestro juicio debería situase una década antes, más o menos.
Como conclusiones finales:
El final deja mal sabor de boca pero a todas nos ha merecido la
pena leerlo.
Es de esos libros que hay que releer para comprenderlos en su
totalidad.
La próxima cena será el 19 de septiembre y la organizará Julia.
El libro elegido es “Las hermanas Bunner”, de Edith Wharton.
Se mencionan y/o proponen otros libros, como “El día que Selma soñó
con un okapi”, de Mariana Leki, “Los asquerosos”, de Lorenzo Santiago, “El ruido y la furia”, de
Willian Faulkner, “Charlotte”, de David Foenkinos, y “La biblioteca de los
libros rechazados”, del mismo autor.
(seguro que no he trascrito
los comentarios más interesantes, así que pido disculpas)
miércoles, 19 de junio de 2019
lunes, 10 de junio de 2019
Acta Reunión 13 de mayo. La cocinera de Castamar
Nos reunimos el jueves 23 de Mayo, para comentar nuestro libro La
cocinera de Castamar, al final no pudo ser el día 9 porque iríamos muy
pocas y decidimos cambiar la fecha, nos juntamos nueve, echamos de menos
a Marga, Carmina, Julia, Emi y Pilar.
Un abrazo a todas y en especial a Maite Fernández, por su
entereza, por dar ejemplo y estar ahí con nosotras y darnos una gran
lección, espero le sirvamos de gran apoyo ahora con nuestras cenas, es
nuestra pequeña aportación.
Pilar se salió con la suya, no pudo venir, ya nos había comentado que
el libro no le gustaba y estaba empachada de tanta receta, al final se
libró. Estará con nosotras, D.m., en la próxima cena el 20 de junio que
además le toca organizar y espero que nos
veamos algunas más de las que no pudieron estar para comentar el libro
que propusimos, Lluvia fina de Luis Landero.
Organicé la cena en el restaurante Big House, donde alguna otra vez
habíamos estado y nos gusta su comida asiática, y a pesar de ser una
sala muy grande tiene sus apartados y hay una acústica perfecta y es muy
acogedor, con la música japonesa de fondo.
Llegamos bastante puntuales, pero tuvieron que prepararnos la mesa
cuadrada porque di por hecho que cabríamos en una redonda y no lo
advertí de antemano, pero se solucionó con rapidez y dio el tiempo justo
de llegar a todas. Lo pasamos muy bien y estuvimos
muy agusto.
Como ya sabemos, hay una gran variedad de menús, motivo por el cual
fuimos pidiendo sobre la marcha. De entrada unas ensaladas (Big House,
de espinacasThai...) salteado de berenjenas con salsa de tomate picante,
langostinos fritos con sésamo, Ja-Kao (pasta
rellena con gambas al vapor) y como no podían faltar arroces orientales
y tallarines típicos de este tipo de restaurantes pues también pedimos.
La mesa empezó a llenarse rápidamente de muy diferentes platos y ya
sabemos el buen servicio y rápido de este lugar, aún nos quedaban los
segundos.
En algún momento me parecía ser un personaje de la novela, cuando se
sentaban los comensales y empezaba a llegar la servidumbre con mucha
rapidez a servirles la cena del aniversario de Don Diego, duque de
Castamar, con su esposa Doña Alba, fallecida en
accidente con su caballo, que desde entonces vive estancado y
atormentado en la pena de hace diez años pero que siguen celebrando en
el ducado de Castamar (Madrid) donde acude la realeza y los más grandes
de la España del siglo XVIII.
Vamos comentando el libro y todas coincidimos que nos ha gustado
mucho y se lee muy fácil a pesar de las más de 700 páginas que tiene,
nos engancha a seguir la vida diaria de Castamar, donde se plasman las
diferentes jerarquías del mundo de los nobles y
de los criados, personalmente me recordaba a Arriba y Abajo y a
Downtown Abbey, el autor está muy bien documentado sobre las recetas de
la época incluso de otros países, dichos recetarios que se mencionan se
encuentran en internet.
Se cuentan las intrigas palaciegas entre nobles donde hay una historia de amor además de odios, venganzas, ambición...
Continúan trayendo más platos y nos trasladamos a 1720 como si
hubieran ido a "cazar los patos" y preparar varios guisos del recetario
de la nueva y joven cocinera, la señorita Clara Belmonte, que al morir
su padre médico y de buena familia, se pone a trabajar
tomando este oficio, afición heredada de su madre, mal vista entre las
clases altas, y que cambiaría su vida y la de Don Diego.
Otro personaje principal será el hermano adoptivo del duque y los
criados, Doña Úrsula y Don Melquiades, en quienes Don Diego deposita su
confianza y deja el cargo de la casa. Don Enrique, el marqués, hace
amistad con la madre de Don Diego, Doña Mercedes,
es el personaje malo y vengativo de esta novela, tan bien ambientada
en la época y que no podía faltar para darle más intriga.
Vamos comentando y siguen trayendo platos a nuestra mesa, pato con
mango, pato a la naranja, pato asado pequinés, ternera con
pimientos...si no habíamos quedado llenas leyendo el libro con tantos
platos diferentes pues ahora la realidad estaba superando a
la ficción, sobró hasta algo de carne, tanto fue así que no pedimos ningún postre, yo creo que por primera vez.
Tomamos infusiones algunas temiendo hacer mala digestión, pero no, no sé
qué llevará la comida oriental que resulta bastante digestiva, alguna
especia secreta que no nos cuentan.
La novela tiene final feliz a pesar de todo los avatares que han ido sucediendo de asesinatos, envidias y mentiras.
Fueron felices y comieron perdices...
Nos vemos el 20 junio en nuestra cena de despedida que coincide con
el curso escolar para reencontrarnos en septiembre y con los deberes
hechos del libro ya mencionado.
viernes, 5 de abril de 2019
ACTA DE LA CENA 4 de abril 2019
Anoche tuvimos nuestra querida cena.
Me arriesgué a cambiar de sitio, ya llevábamos varias en el mismo restaurante y cada vez que nos reuníamos comentábamos que era un local muy ruidoso, sobre todo si había más mesas ocupadas.
Nos reunimos en la “Tapería la Majá”, en los soportales de la Plaza Mayor. Es un local pequeño, pero tiene una parte de comedor en el que podíamos tener una mesa amplia y además, estar solas.
A pesar de la noche desapacible, con frío y llovizna, estuvimos puntuales todas las que habíamos confirmado la asistencia, nada menos que 10, para comentar el libro que se llamaba “Diez mujeres” de Marcela Serrano. Muy curiosa la coincidencia.
Cenamos a base de ensalada con varias raciones, rejos, churrasco de pollo y carrilleras de ibérico. Nos faltó la sopa, como decían algunas, pero el frío no estaba previsto.
Enseguida empezamos a comentar el libro. Todas habíamos leído más de una historia, las que había indicado Pilar entre ellas. Menos mal que Maite Fer tenía un resumen, porque a la mayoría nos ha resultado imposible asociar nombre e historia de cada una a la primera.
Maite iba diciendo el nombre de la mujer y comentábamos: la alcohólica, la violada, la actriz, calla negra... nos iba leyendo el resumen de cada una y pasábamos a comentar algunos detalles. En general, algunas historias nos han parecido flojas y otras impactantes.
El lenguaje que emplea y cómo describe las cosas, aunque fueran trágicas, nos ha gustado. Para algunas, la reunión de las historias era un poco forzada, sin embargo Isa Mari decía que todas tenían en común la soledad, el sentimiento de estar solas en el silencio de sus propias historias. El hecho de reunirlas como terapia de apoyo entre ellas.
Comentamos la diferencia con el otro libro de Marcela Serrano que habíamos leído en el grupo, y que tanto juego dio, El albergue de las mujeres tristes; recordábamos dónde fue la cena y el tango que llevó Marga grabado. Para Rosalía éste otro libro era mejor que el que hemos leído ahora, otras no recordábamos con exactitud la historia del Albergue.
Mientras hablábamos, nos fuimos comiendo todos los platos, incluido el postre. Faltaba concretar fecha y libro próximos.
La fecha en mayo, barajamos en principio el 16, pero no podían dos y pasamos al 23, tampoco podían otras y al final, un poco liadas, decidimos que era buena fecha el 9.
En cuanto al libro, nos costó decidir qué hacer. Por una parte, no estaba presente la encargada de la siguiente cena, María José y no sabíamos si ella podría organizarla. La organizadora de ésta, una servidora, no había llevado ninguna propuesta, y tampoco ninguna de las presentes tenía un empeño especial en un libro concreto.
Rosalía proponía que leyéramos alguno de Stefan Zweig, pero no nos atraía ninguno y además, ya habíamos leído varios.
Al final, entre comentarios muy graciosos y con carcajadas de todas, decidimos “La cocinera de Castamar” de Fernando J. Muñez (leída por dos personas del grupo). Una novela de época, con sus intrigas y que nos permitiría, además, cultivar la historia de la España de 1720, así no sería una lectura tan frívola como podría parecer a simple vista. Isa Mari comentó que había comprobado que los libros de cocina de aquella época a los que se hace referencia en el libro, están disponibles en internet.
Con estas decisiones tan sabias, y un rato muy agradable de risas y calor humano entre nosotras, nos fuimos hacia el parking donde habíamos dejado los coches, cerquita del restaurante porque la noche no invitaba al paseo.
Será por la edad o por las risas del final, pero no recuerdo si tenemos que ir vestidas de goyescas o no…
Muchas gracias a todas por una velada tan agradable, fue una noche importante para nuestra propia terapia colectiva, como lo fue para las 10 mujeres del libro.
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